4° Encuentro de grupos de pacientes oncológicos Zárate 2011

domingo, 19 de diciembre de 2010

La Sangre

LA SANGRE



La sangre es tan vital para nosotros como el aire que respiramos. Podemos vivir sin alguno de nuestros órganos, pero no sin sangre; por eso es tan valiosa. De ahí, la importancia de la donación, porque un pequeño acto solidario de ceder una pequeña dosis de nuestra sangre , una gota sobre 16, puede para ayudar a mucha gente a curarse e, incluso, a salvar su vida.
En España se realizan muy pocas donaciones, en torno a 35 personas por cada mil habitantes, mientras que la media de la Unión Europea es de 55-60 donaciones.

BOLSAS DE SANGRE
De una simple bolsa de sangre, compuesta por 450.000 mm3 (0,45 litros) se puede obtener:
Sangre completa: aconsejable para hemorragias graves, transfusiones y operaciones a corazón abierto.
Glóbulos rojos (concentrado de glóbulos): tratamientos de todas las anemias de causa médica, quirúrgica y obstétrica.
Plaquetas (concentrado de plaquetas): hemorragias por carencia de plaquetas.
Plasma: para la reparación de fracciones o derivados plasmáticos (albúmina: tratamiento de quemados; inmunoglobulinas: prevención y tratamiento de diferentes enfermedades infecciosas o fibrina: poder cicatrizante y propiedades antisépticas.)
En un sólo milímetro cúbico de sangre se contabilizan: 4.500.000 glóbulos rojos, 7.000 glóbulos blancos o leucocitos y 250.000 plaquetas.
La sangre representa 1/13 del peso total del cuerpo humano (5 litros en una persona de 65 kg de peso). Circula por las arterias y las venas. De color rojo vivo en las arterias y oscuro en las venas. El 55% de la sangre está formado por un líquido llamado plasma en el que están en suspensión diversas células: glóbulos rojos (43%), glóbulos blancos y plaquetas (2%). De aquí se resume que el 45% de la sangre son partes sólidas y el restante es líquido. Además hay una parte gaseosa (oxígeno, anhídrido carbónico, etc).
La sangre, impulsada por el corazón, se distribuye a través de las arterias (sangre arterial) y capilares por todo el organismo y vuelve por las venas (sangre venosa) al mismo para, a través del proceso de oxigenación en los pulmones, convertirse de nuevo en sangre arterial.
A lo largo de este ciclo, la sangre cumple las siguientes funciones vitales:
Respiratoria: transportando el oxígeno y una parte del dióxido de carbona que toma del aire de los pulmones.
Nutritiva: mediante el aporte de sustancias nutritivas procedentes de la digestión.
Inmunitaria o defensiva: protegiendo el organismo gracias a la presencia de los leucocitos o glóbulos blancos.
Excretora: recogiendo los residuos y desechos para ser eliminados.
Transportadora: de las secreciones y hormonas producidas por las distintas glándulas.
Reguladora: manteniendo en equilibrio el agua del organismo, la temperatura corporal, etc.
Si consideramos por separado los diversos componentes de la sangre, éstas son sus funciones:
Plasma: transporta el agua y los elementos nutritivos a las células. Contiene, asimismo, los anticuerpos útiles contra las enfermedades. Más del 90% está compuesto por agua, el resto son proteínas, glúcidos, lípidos, hormonas, potasio, sodio, etc. Es de enorme importancia en el campo de la transfusión sanguínea ya que de él se obtienen la albumina, las gammaglobulinas, los factores de coagulación, etc.
Glóbulos rojos o eritrocitos (también llamados hematíes): llevan el oxígeno de los pulmones a los tejidos. Cada persona tiene entre 4,5 y 5,5 millones por milímetro cúbico de sangre. El exceso de glóbulos rojos se denomina poliglobulina. Su déficit se denomina anemia.
Glóbulos blancos o leucocitos: nos protegen contra las infecciones. Una persona tiene de 5.000 a 9.000 leucocitos por milímetro cúbico de sangre.
Las plaquetas: taponan las hemorragias y favorecen por tanto la coagulación. Tenemos entre 250 mil y 350 mil por milímetro cúbico.
Alteraciones en la sangre

Cualquier carencia en la composición de los elementos de la sangre puede dar lugar a diversas alteraciones y enfermedades. La patología sanguínea más frecuente es la anemia, seguida de los trastornos de coagulación; la más grave es la leucemia y la enfermedad hereditaria más conocida la hemofilia.

Anemia

Palidez, cansancio y otros síntomas característicos de la debilidad son signos de anemia, una enfermedad que puede originarse por distintos motivos, pero que se manifiesta como una carencia de glóbulos rojos en la sangre, o en el contenido de hemoglobina de éstos. De hecho, su nombre proviene del griego y significa "sin sangre".

En el compuesto sanguíneo, los glóbulos rojos o hematíes, son los encargados de transportar el oxígeno. Cuando por alguna alteración son destruidos en grandes cantidades o funcionan mal, se produce un déficit de oxígeno en los tejidos periféricos del cuerpo humano.

ACABAR CON LA ANEMIA

Dieta alimenticia especial, con suplemento de hierro, para pacientes que sufren anemia ferropénica.
Inyecciones de vitamina B12, en el caso de la anemia perniciosa.

Transfusión sanguínea o de hematíes concentrados, especialmente en anemias intensas con presencia de hemorragia.

Extirpación del bazo, que es el principal órgano de eliminación de los eritrocitos.

Aplicación de eritropoyetina (hormona producida por el riñón que estimula la producción de glóbulos rojos), sintetizada de manera artificial.

El origen de la anemia puede ser:

Defectos en la formación de glóbulos rojos, por déficit nutricional, falta de hormonas, enfermedades crónicas o motivos genéticos.

Excesiva destrucción de glóbulos rojos, habitualmente por enfermedades hereditarias.

Sangrado excesivo, por razones traumáticas, quirúrgicas o por hemorragia interna.

Estos factores originan, a su vez, que existan distintos tipos, que pese a que los síntomas son parecidos, los especialistas han dividido la anemia en tres grupos básicos, para fijar el tratamiento preciso.

Anemia ferropénica: es la más común y se produce por déficit de hierro, que es un elemento esencial para la fabricación de glóbulos rojos. La carencia se debe a que en determinados momentos el organismo demanda grandes cantidades de hierro para otras funciones, como el crecimiento. Por eso, suele darse durante la infancia, la adolescencia o el embarazo, en el caso de las mujeres. La carencia de hierro también puede deberse a una dieta desequilibrada.

Anemia perniciosa: es la que se produce habitualmente durante la vejez. Se debe a un déficit de vitamina B12, que participa también en la elaboración de hematíes. También afecta a las personas vegetarianas que no consumen un complemento vitamínico, pues la B12 sólo se encuentra en productos de origen animal.

Anemia de células falciformes: se debe a un defecto hereditario en la síntesis de hemoglobina (proteína utilizada por los glóbulos rojos). La hemoglobina normal tiene forma de anillo y facilita el transporte del oxígeno en la sangre. La hemoglobina falciforme, debido a un trastorno hereditario, tiene una forma curva, como una hoz, y entorpece el paso del oxígeno.

Síntomas y tratamiento

Las personas afectadas de anemia presentan diversos síntomas, todos asociados con un debilitamiento físico general, aunque sus características dependerán del tipo de anemia y la gravedad de cada caso. Los más notorios son: palidez, fatiga muscular, falta de vitalidad, mareos, molestias gástricas, respiración acelerada, dolor de cabeza, depresión, síndrome de manos y pies (que consiste en dolores agudos en las extremidades) y/o Inflamación del bazo, órgano encargado de filtrar la sangre.
En la mayoría de los casos, la anemia no implica consecuencias graves para el afectado, siempre que se maneje médicamente a tiempo.

GRUPOS SANGUÍNEOS

Todas las personas pertenecen a uno de los cuatro grupos sanguíneos: A, B, AB y 0. Las letras Ay B se refieren al antígeno que se encuentra en cada uno de los glóbulos rojos.

Un antígeno es una proteína celular que dispara una respuesta inmune, como puede ser la formación de anticuerpos, contra los antígenos de los que carece el glóbulo rojo.

Por ejemplo, el antígeno A expuesto al antígeno B, producirá anticuerpos anti-B.

Porcentaje en el que se encuentran los distintos grupos sanguíneos en los seres humanos

En otras palabras, los cuatro grupos A, B, AB y 0 se caracterizan por las diferentes combinaciones de dos aglutinógenos existentes en los glóbulos rojos y de dos aglutininas contenidas en el suero.

Los cuatro grupos básicos en el sistema AB0 son los siguientes:

Grupo A: La sangre tiene el antígeno A en los glóbulos rojos, y el anticuerpo anti-B en el plasma.

Grupo B: La sangre tiene el antígeno B en los glóbulos rojos, y el anticuerpo anti-A en el plasma.

Grupo AB: La sangre tiene ambos antígenos A y B en los glóbulos rojos, pero no tiene ni el anticuerpo anti-A ni el anti-B en el plasma. La sangre AB no puede provocar el aglutinamiento de los glóbulos rojos de cualquier otro grupo, y por lo tanto las personas con sangre AB son los receptores universales.
Grupo 0: La sangre no tiene ni antígenos A ni B en los glóbulos rojos, pero sí tiene el anticuerpo anti-A y el anti-B en el plasma. El grupo 0 no puede ser aglutinado por ninguna sangre humana, y por lo tanto las personas con sangre 0 son los donantes universales.

La hemofilia
La hemofilia es el resultado de una anomalía o desorden de la sangre. La sangre la componen por lo menos 14 factores de la coagulación y cuando uno de estos factores coagulantes no desempeña su trabajo, los demás no pueden trabajar conjuntamente para formar un coágulo y cohibir el sangrado.
Eso es lo que sucede con la hemofilia, que uno de los factores de coagulación no trabajan con el equipo o trabaja en muy pequeña cantidad. En la hemofilia "A" lo que falla es el factor VIII c: coagulante (85% de los casos) y en la hemofilia "B", lo que falla es el factor IX c: coagulante (15% de los casos).
Un hemofílico que padezca hemofilia A o hemofilia B, no sangra con mayor rapidez que las demás personas, sino que sangra más tiempo del habitual, y como su proceso de coagulación no es el normal, precisa administrarse el factor carente o deficitario de la coagulación con el fin de alcanzar unos niveles óptimos que le permitan una buena coagulación y pare el sangrado.
La hemofilia se manifiesta en forma de hemorragias, que pueden ser espontáneas o producidas por algún golpe o trauma. Las hemorragias internas que pueden empezar de forma espontánea sin causa aparente, si tardan en controlarse pueden dañar las articulaciones y los músculos. Este tipo de hemorragia puede ser incluso más grave que las hemorragias que afloran al exterior.

Incidencia

En la mayoría de los casos, hay antecedentes hereditarios conocidos en la familia, y los varones heredan la hemofilia de sus madres, aunque ellas generalmente ni la padecen ni saben en muchos casos que son portadoras. Las personas con hemofilia transmiten la enfermedad a sus hijas exclusivamente, las cuales no la padecen, pero al ser portadoras la pueden transmitir al 50% de sus descendientes.
La incidencia de esta enfermedad es aproximadamente de forma hereditaria en un 60%, por mutación de tipo genético y sin antecedentes en las familias de un 40%. En la actualidad, la incidencia de personas nacidas con hemofilia es uno de cada 15.000 nacidos.

Tratamiento

La hemofilia se trataba originalmente con transfusiones de sangre completa. En los últimos 30 años se han desarrollado métodos para extraer y utilizar solamente los factores deficientes de la coagulación de los concentrados de plasma. Los recientes avances tecnológicos en ingeniería genética han introducido concentrados producidos por tecnologías combinadas, los cuales no son derivados del plasma. En esta dirección están centrando las actuales investigaciones. Se tiene la esperanza de poder introducir el gen carente en los niños que han sido diagnosticados con hemofilia y de esta forma eliminar la necesidad de un tratamiento de por vida.

RAZONES PARAS DONAR SANGRE

1º La sangre es un tejido líquido que no podemos fabricar.

La sangre es otro de los tejidos del cuerpo humano. No existe actualmente tecnología que permita crear células humanas como las que tiene la sangre: glóbulos rojos (hematíes), glóbulos blancos (leucocitos) o plaquetas de forma artificial. Sólo las aportaciones de los donantes permiten que los hospitales funcionen y que muchas personas salven su vida.

2º Por solidaridad, altruismo, generosidad ... y tantas otras expresiones que aúnan el gesto generoso y desinteresado de una donación, parte de ti mismo que entregas a los demás.

3º Porque mañana tú o los tuyos podéis necesitar una donación.

4º Porque regeneras tu sangre

Al mismo tiempo que colaboras entregando parte de ti mismo, cuando tu cuerpo detecta que estás donando, inmediatamente pone en marcha un complejo y milagroso mecanismo que fabrica sangre nueva, sin aditivos.

5º Porque donar significa salud

Recientes estudios demuestran que los hombres que donan sangre con asiduidad disminuyen el riesgo de enfermedades cardiovasculares.

6º Porque no hay mejor donativo

Con tu cuota roja y cálida, perteneces al club más exclusivo: el de los que salvan vidas con tan solo unos minutos de tu tiempo.

7º Porque obtienes un buen análisis médico

Para garantizar la seguridad transfusional y disminuir el riesgo de transmisión viral, todos los productos sanguíneos, antes de ser distribuidos para su transfusión a los enfermos o accidentados, pasan por unos exámenes sistemáticos y rigurosos. Son los siguientes: control de la tensión, determinación del grupo sanguíneo (AB0) y RH(+-) , detección de anticuerpos irregulares, virus, enfermedades y anemias.

8º Porque la donación es rápida y segura

Todos los aspectos relacionados con la hemodonación están perfectamente legislados. Desde las Asociaciones de Donantes se ha acuñado un término preciso: hemovigilancia. Calidad en la donación y calidad de los productos que se transfunden.

9º Porque con una sola donación, puedes salvar tres vidas

Al menos tres vidas, pues de la bolsa que tu donas, una vez procesada extraemos una unidad de concentrado de hematíes.


La temida leucemia

La leucemia es una enfermedad de la sangre que consiste en la proliferación desordenada de las células progenitoras de los glóbulos blancos o leucocitos y que aparece, principalmente, en las 4 primeras décadas de la vida y, especialmente, en la edad infantil.
En los países occidentales aparecen anualmente entre 60 y 100 nuevos casos de leucemia por millón de habitantes.
En la actualidad, los porcentajes de curación son del 80% en niños. En adultos, en los casos de alto riesgo, se consiguen hasta un 25% de curaciones.
En los años 60 fueron descubiertos muchos de los fármacos activos frente a la leucemia lo que ha dado lugar a la actual quimioterapia, pero fue en la década de los setenta cuando se introduce una variante en los tratamientos: el trasplante de médula ósea.
Actualmente, la técnica de trasplante de médula ósea es uno de los mejores tratamientos para los pacientes de leucemia, con aplicaciones crecientes para otras condiciones clínicas.
Hay varios tipos de trasplantes: el transplante autólogo se realiza con médula ósea obtenida del paciente durante un periodo de remisión y seguidamente infundida. El transplante de médula de donante a receptor se llama trasplante alogénico y el paciente recibe médula ósea de un familiar o de otro donante compatible no emparentado.
Las estadísticas muestran que únicamente el 25% de la población tiene un familiar compatible como posible donante de médula ósea. Por este motivo, es necesario crear registros de donantes voluntarios para realizar trasplantes de donantes no emparentados pero compatibles, y así aumentar el número de pacientes con posibilidad de curación.

La donación, una acción solidaria

Donar sangre para hacer frente a las necesidades de transfusión en enfermos hemofílicos, en pacientes que han sufrido determinados accidentes o en algunas intervenciones quirúrgicas es fundamental para curar y salvar al afectado. Sin los bancos de sangre muchas personas habrían fallecido sólo por la falta de un líquido vital, que un individuo sano, tras una donación, recupera en media hora.
En España el número de donantes de sangre en 1998, fue de 1.221.675 donantes, de los cuáles 313.004 fueron nuevos y 771.721 habituales (aquellos que han donado 2 ó 3 veces en los últimos dos años como mínimo). Estas cifras indican que en España se realizan muy pocas donaciones, 35,5 por cada mil habitantes al año, mientras que en la Unión Europea la media es de 55-60.
En este sentido, la Organización Mundial de la Salud establece la cifra idónea de entre 40 y 50 donaciones por cada mil habitantes año para países con un desarrollo económico y cultural como España. Para incrementar el número de donaciones y resolver los problemas de escasez que se producen sobre todo en periodos de vacaciones, donde se producen mayor número de accidentes de tráfico, las autoridades sanitarias y hospitalarias ponen en marcha campañas de concienciación entre toda la población.
En 2004 se realizaron un total de 1.645.731 donaciones (38,11 por cada 1.000 habitantes), lo que supone un incremento del 1,47 por ciento respecto del año 2003. El número de donantes activos ascendió a los 2.018.000 y se registraron 205.100 nuevos.
Por comunidades autónomas, Navarra, País Vasco y Galicia son las que lideran el índice de donaciones, con 53,40, 47,51 y 45,03 donaciones por cada 1.000 habitantes. Estas comunidades se sitúan a la cabeza porque fue donde comenzó este movimiento asociativo.
En el resto, se registraron los siguientes datos: Cantabria (42,61), Baleares (41,38), Valencia (39,31), Extremadura (38,78), Madrid (38,74), Cataluña (37,29), Murcia (37,18), Asturias (37,01), Castilla-La Mancha (37,76), Castilla y León (35,98), Aragón (35,92), La Rioja (35,51), Andalucía (34,22), Canarias (31,66), Ceuta (26,63) y Melilla (23,01).
En 2007 se mejoró levemente la cantidad de donantes, llegándose a 1.686.177, contra 1.659.373 donantes, siendo el promedio cada 1000 habitantes de 37,30.
España necesita un total de 300.000 donantes nuevos de sangre para alcanzar el autoabastecimiento de esta sustancia vital y no tener la necesidad de importar plasma de otros países, según datos publicados por la Federación Española de Donantes de Sangre (FEDSANG).

                  Puede donar a        Puede recibir de
A+          A+                               0+ y 0-
              (AB+ no aconsejable     A+ y A-                            

A-          A+, A-                          0- y A-
              (AB+ y AB- no aconsejable)



B+           B+                                 0+ y 0-          
               (AB+ no aconsejable)             B+ y B-



B-            B+ y B-                          0- y B-
               (AB+ y AB- no aconsejable)


AB+         AB+                              AB+ y AB-
                                                     (0, A y B no aconsejable)


AB-         AB+ y AB-                    AB-
                                                    (0-,A-, B- no aconsejable)

0+            0+, A+, B+
               (AB+ no aconsejable)              0+ y 0-

0-              Todos
               (AB+ y AB- no aconsejable)        0-

En contra de lo que muchas personas creen, en los bancos de sangre y en los hospitales todos los grupos sanguíneos son necesarios. Se transfunde sangre "isogrupo", es decir: mismo grupo del donante para el paciente. Si se es, por ejemplo, del grupo B (aproximadamente el 2% de la población), hay el mismo porcentaje de pacientes que necesitan ese tipo sangre. Además, ciertos hemoderivados (productos sanguíneos que se extraen de la unidad que donas) se administran con independencia del grupo y el RH. El 0+ y el A+, son precisamente los que más se gastan ya que lo tienen la mayoría de los pacientes.


REQUISITOS PARA PODER DONAR SANGRE

En general pueden donar sangre todas las personas que gocen de una salud normal, comprendidas entre los 18 y 65 años de edad y con un peso superior a los 50 kg. En principio cualquier persona puede ser donante de sangre.

La cantidad de sangre que se dona (habitualmente 0,4 litros) es igual para hombres y mujeres y no afecta a tu salud o fortaleza. No obstante, los hombres pueden donar cuatro veces al año y las mujeres sólo tres. De hecho, la determinación de la hemoglobina que se hace antes de donar nos indicará que ese día tienes sangre para regalar.

No obstante, la legislación española ha establecido esta serie de filtros garantizar la salud y la seguridad de los pacientes que recibirán la sangre.

No podrán donar sangre aquellas personas que padecen o han padecido alguna de las siguientes enfermedades:

Hepatitis, Ictericia, Tuberculosis, Epilepsia,  Enfermedades del corazón,  Enfermedades del pulmón,
Anemias, Extracción dentaria, Tatuajes o acupuntura, Tumores, Perforación del pabellón auricular,
Sífilis o enfermedades de transmisión sexual, Haber sido rechazado como donante de sangre,
Hemorragias o transfusiones en los últimos 12 meses, Intervenciones quirúrgicas, partos o abortos en los últimos 6 meses
Pérdida de peso imprevista, fiebre sin explicación o gánglios inflamados, Ha vivido o viajado por el extranjero, Enfermedad infecciosa en los últimos 15 días, Haber recibido hormona del crecimiento
Fiebre de malta, Paludismo, Diabetes, Mareos o convulsiones, Enfermedades del riñón
Enfermedades de la sangre, Fiebre reumática, Medicación continuada, Estado gripal actual
Alergias y vacunas recientes.

No pueden donar personas que realizan o han realizado alguna de las siguientes prácticas de riesgo:
Relaciones homosexuales o bisexuales, relaciones heterosexuales de riesgo (parejas múltiples, relaciones con prostitutas).
Toxicomanía: drogadicción por vía intravenosa.
Relación sexual con personas de los apartados anteriores en los últimos 12 meses.
Receptor crónico de productos sanguíneos.

 fuente: www.TenisIberoamericano.com

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